domingo, 5 de septiembre de 2010

Pittsburgh Downtown, centro histórico

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Fuente: Wikipedia commons


Saliendo de Fort Pitt Tunnel y tomando el puente del mismo nombre por la Parkway penn Lincoln en dirección al Downtown.



El DT visto desde Mount Washington


Rascacielos desde Liberty Avenue

Si hay algo que diferencia a las ciudades estadounidenses de la mayoría de las europeas es la existencia de ese extraño barrio llamado el Downtown. Si vemos París, Roma, Madrid, Londres o Berlín, la modernidad arquitectónica ha creado grandes rascacielos semejantes a los norteamericanos, incluso formando distritos, pero no conozco -salvo quizás exepcionalmente el Canary Wharf de Londres o La Défense de París- un barrio, un distrito con el mismo alma y las mismas intenciones de los downtowns del otro lado del charco.

Una primera vista nos enseña que sus distritos de negocios son, efectivemente, distritos de negocios. ¡Qué descubrimiento!. Pero hay más. Esos bosques de edificios son realmente sus edificios históricos. El Downtown es el centro histórico de cualquier ciudad norteamericana.

Son una nación nueva, con apenas dos siglos y medio de existencia, marcada por su gigantismo y su capacidad de expansión demográfica pero, sobre todo, económica. Sus rascacielos son una seña de su éxito económico, de su despertar como potencia. Cuando Europa despertó, allá a finales de la Edad Media, cada casa nobiliar quería construir más fuerte o más alto, no hay más que ver San Gimminiano en Italia o en Cáceres en España. Aquí, en Europa, construíamos catedrales góticas que se levantaban hacia el cielo para glorificar a Dios y ensalzar el poder económico de los gremios de una ciudad o el poder político y económico de sus burgueses. Más adelante, a partir del siglo XVII, hemos construido palacios increibles para demostrar el poder de los reyes absolutos. Sus rascacielos, sus downtowns responden a la misma filosofía.


Iglesia ortodoxa del Southside con el Oxford Centre, One Mellon Center y UPMC al fondo

Conjunto de edificios del PPG Center, creados por Philip Johnson. Increible homenaje al negocio de la empresa: glass, vidrio.

Pero ellos son los hijos de la segunda revolución industrial y del mundo moderno y tecnificado, del capitalismo monopolista y de la sociedad de consumo de masas. Ellos tenían que crear sus propios iconos, sus catedrales y sus palacios, como los nuestros pero dentro de las formas e ideas del mundo actual. Cada compañía, casa aseguradora, cada banco, cada empresa quiere tener un espacio propio, un símbolo de su poder, juntos, agrupados, formado una unidad de intereses y de intenciones. Y la ciudad se deja cautivar creando museos, teatros, estadios que rodean esos colosos de piedra y hormigón si son de principios de siglo y de acero y cristal si son de finales del mismo.

Aseguradora médica UPMC, antiguo US Steel Co Tower, de Harrison, Abramovitz & Abbe, construido en 1970
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La verdadera ciudad se desparrama por las laderas y los contornos sin una trama urbana reconocible. Miles de habitantes que apenas se ven entre la floresta y las redes viales. Pero te subes a Mont Washington y desde allí ves el Triángulo de oro, la confluencia de los ríos Monongahela y el Allegheny, el poderoso downtown de la ciudad. Y es, para ellos, un orgullo mostrar el corazón de la ciudad que la mueve y le da vida. PNC Bank, U.S. Steel Co, PPG, Bank of New York Mellon,UPMC Medicare, Heinz, Federated Investors, Alcoa Aluminium, WESCO Westinghouse, etc...son algunas de las grandes empresas que pueblan este downtown.

La auténtica experiencia de Pittsburgh es moverse por esa acumulación de torres que llevan la vista hacia los cielos y sorprenden por el eclecticismo del conjunto, trufado de historicismo, racionalismo, high-tech y postmodernismo. Un downtown norteamericano es un canto a la arquitectura del siglo XX.



Fifth avenue Place con el rascacielos Highmark, construido en 1988



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